Paisajes Inventados

Por: Isabel Oreya

CalendarioLas letras que yo tengo conocen su lugar de origen como una tierra en la que florecen bellos soles, lo conocen como un bello día de enero pero en verano, como uno de esos días claros en donde la luz ámbar del atardecer hace que todo parezca perfecto, en donde el cielo luce más azul y los cerros reverdecen, en donde el tiempo se nos regala y los días son tan claros que puedes pasar horas observando el movimiento de las nubes que suavemente se deslizan por el aire dejando una estela que parece ser música para luego estrellarse en tu rostro en forma de viento. Es una tierra en donde los arboles que alcanzas a ver desde lejos parece que crecieron de pronto.

Mis letras eran así, recuerdos tan bellos como paisajes.
Mis letras fueron así.
Mis letras no saben que fueron prematuras y precarias,
se negaban a recordar el lugar donde nacieron,
ellas no tienen mejor y más claro recuerdo que un
paisaje inventado.

Crecieron y sabían perfectamente de qué pie cojeaba, sabían cual era la espiral por la que caía cada noche antes de salir por la ventana, sabían de mi dolor de huesos y mi adicción a la sensación del llanto. Sabían que es muy parecido al sabor de las palabras.

Desde siempre supe que les gustaban las palabras, por la manera en que mis letras se apoderaban de todas ellas es que supe qué tanto les gustaban, poseían a las letras para volverse paisaje,
para ser nube,
para verse verdes,
para ser música,
para volverse noche,
para ser ventana,
para cabalgar sobre un montón de balbuceos y silencios.

Todo lo que tuvieron que pasar.
Para terminar aquí.
Muertas sobre el papel.

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