El Flâneur

El flâneur en la estética de Walter Benjamín:
De las palabras de Charles Baudelaire a las imágenes de Toulouse Lautrec.

            · París en el camino hacia la modernidad ·

La primera mitad del siglo XIX marcó el camino que emprendió la ciudad de Paris en dirección a la Modernidad. La figura de Napoleón III frente al imperio estaba cargada de hábitos conspiratorios, las sorprendentes proclamas y los muy frecuentes secretismos formaron parte de la razón de Estado a lo largo del Segundo imperio.[1]  La participación de gente más o menos cultivada en las revueltas tiene consecuencias importantes tanto en el movimiento político como en la producción artística de la época; después de la conformación del Club revolucionario de Louis A. Blanqui y su fuerte intervención en la protesta contra la monarquía y su activismo político, consolidó indirectamente la formación del circulo vital de París llamado la Bohemia, que en sus estaciones fijas –las tabernas– embriagaban sus sueños de una vida “libre” asentados en su realidad. [2]

En este contexto “La ridícula teoría de la escuela de l´art pour l´art excluía por entero la moral, y a menudo incluso la pasión; se hizo por tanto necesariamente estéril”[3] pues principalmente la poesía tomaba la Revolución de Julio para reflejar la situación de los oprimidos, pero tanto por sus ilusiones como por su causa, prestando oídos a los cantos de la revolución pero también al tiempo.[4]

La ruptura tajante frente al l´art pour l´art fue una actitud de conveniencia para que los artistas se dieran a conocer en el campo de juego político y social, ya que el arte se ve ligado a la moral y a una utilidad. La aparición del folletín fue el mejor recurso que les permitió a muchos escritores tomar partida en este campo de juego pues abrió un gran mercado a la literatura en los diarios de París. [5]

A la par de la escena política, el panorama social se veía notoriamente modificado dado que en el decenio posterior a 1822 hay un florecimiento en la ciudad de París respecto a la generación de nuevas industrias y nuevos medios comunicación y de transporte. El paisaje natural se ve alterado por el dominio del metal en la arquitectura funcional, por la construcción de estaciones de ferrocarril y de la mayoría de los pasajes en donde se encuentran almacenes de novedades y mercancía de lujo. Los famosos pasajes son el escenario de la primera iluminación de gas, tal parece que al mismo tiempo iluminaba la falsa conciencia que degusta la burguesía.[6] Los centros del dominio mundano y espiritual de la burguesía encontraron su apoteosis en el marco de las grandes vías públicas. [7]

Estos cambios en la apariencia del entorno y en las relaciones sociales no tardaron en causar inestabilidad social debido a que en la conciencia colectiva se entrelazaron las imágenes entre lo nuevo y lo antiguo; estremeciendo las fantasmagorías del espacio a los parisinos se les vuelve extraña su ciudad y comienzan a ser consientes del carácter inhumano de la gran ciudad.[8]

El inicio de la vida moderna comienza a generar estragos en el individuo, el proceso de modernización en París marca una frontera para la vida cotidiana y el disfrute improductivo a lo largo de los pasajes. Esos grandes “templos de mercancía”, como los llama Walter Benjamin, generan la confrontación entre el hombre, su naturaleza y los nuevos medios de producción y consumo. Este hombre que reflexiona tras observar y hacer consciente su entorno se adecúa totalmente a la figura que retóricamente Benjamin lo expresa como: el flâneur que acude al asfalto a hacer botánica. [9]

            · El flâneur ·

Con la construcción de los pasajes vinieron las aceras anchas y el alumbrado público que permitió el callejeo. Al mirar alrededor de su pequeño mundo, el flâneur alimenta a su esencia de cronista y de filósofo, pues los callejones se han vuelto el lugar de recreo para muchos trabajadores, paseantes y fumadores. Para este momento los pasajes ya han tomado un carácter híbrido de calle e interior para él. [10]

Gustave Caillebotte. Calle de París, día lluvioso, 1877.

Calle de París, día lluvioso, Gustave Caillebotte, 1877.

El autor hace la siguiente comparación entre la casa de un burgués y la calle para el  flâneur: La  calle se convierte en la morada propia del flâneur, el cual se encuentra en casa entre fachadas, lo mismo que el burgués en cuatro paredes. Para él las placas esmaltadas de los comercios son un adorno de pared tan bueno y mejor que para el burgués un cuadro al óleo colgado en el salón.[11]

La calle se convierte en un vasto paisaje para el flâneur de quien la embriaguez se apodera al deambular por barrios desconocidos.[12] Esto no solo lo nutre de las imágenes sensibles que se le presentan sino que se apodera de un saber generado por la experiencia de lo vivido. Esto marca la constitución moral de ese individuo que oculto en la muchedumbre es capaz de reivindicar el discurso reflexivo sobre la cotidianidad de la vida social de la época. Esta actitud del  flâneur es establecida por W. Benjamin como la actitud política de la clase media en el Segundo Imperio.

            · El artista en la modernidad: Charles Baudelaire y Toulouse Lautrec ·

El poeta Charles Baudelaire es visto por Benjamin como la figura del flâneur. Es el prototipo de hombre moderno que por medio de la experiencia urbana reconstruye la “basura” recolectada en su deambular y compone la imagen de la ciudad moderna que otros no pueden ver.

Cuanto más desasosegante se vuelve la gran ciudad […] la lucha agudizada por conseguir la supervivencia lleva al individuo sobre todo a proclamar imperiosamente sus necesidades e intereses.[13] La producción literaria de Baudelaire muestra esta lucha del individuo profundizando en aspectos inquietantes y también amenazadores de la vida urbana. Para Benjamin la condición de la masa hundida en la metrópoli dota al autor y a su vez al flâneur del carácter de observador e incluso de detective y de esta manera legítima su ociosidad. Ahora las horas de ocio aparecen como un trabajo de valor fantasmagórico que se da mientras desarrolla su forma de captar y reaccionar a las situaciones laberínticas dentro de la masa y el tempo de la urbe cual la velocidad del lápiz del dibujante.[14]

A la producción literaria de Baudelaire se le puede analizar en este género detectivesco, sin embargo la estructura de sus impulsos lo llevan al lado de lo asocial, integrándose por entero en el seno de la crueldad. De ahí el termino spleen utilizado por el autor para un estado de melancolía o de angustia vital sin causa, que muchas veces se atribuye al consumo de narcóticos para lo que Baudelaire fue un experto.  Sin embargo, este estado del cual se encuentra impregnada la literatura de Baudelaire, en la figura del flâneur es una particularidad pero su embriaguez es producida por la mercancía en la multitud. La mercancía es lo que provee a la masa de un velo que cubre el verdadero horror que se vivía en la ciudad.[15]

A continuación como ejemplo un verso del poema Le crépuscule du soir* contenido en Les fleurs du mal** (1857), con la finalidad de presentar cómo Baudelaire  ilustra con palabras una noche en la ciudad moderna de París, y partiendo de esto establecer una relación con la producción plástica de Touluse Lautrec.

Á travers les lueurs que tourmente le vent

la Prostitution s´allume dans les rues ;

comme une fourmilliére elle ouvre ses issues;

partout elle se fraye unnocculte chemin,

ainsi que l´ennemi qui tente un coup de main;

elle remue au sein de la cité de fange

comme un ver qui débore à l´Homme ce qu´il mange ***[16]

En este verso el autor expresa como el sujeto de la masa se ha convertido en mercancía y no a todos les resulta fascinante el espectáculo que se mostraba en las calles de Paris. La deshumanización del hombre llevado por la embriaguez de las mercancías lo lleva a un autoconsumo. Baudelaire desarrolla una nueva estética basada en la vida de la ciudad moderna, observa su entorno que es su fuente de inspiración, así como a los románticos les inspira la naturaleza, a Baudelaire el tráfico, los pasajes y la multitud lo provocan sensiblemente e intelectualmente al confortarse con una transformación, no solo de panorama externo sino los cambios internos en el hombre.

            Si Baudelaire lo hizo con palabras, el pintor Toulouse Lautrec capturó por medio de la pintura las diversiones clandestinas que trajo la modernización a la ciudad de París. El pintor de la modernidad, al igual que el flâneur, se toma el tiempo suficiente para recorrer la gran ciudad, visitar cafés y cabarets que eran los escenarios que la masa hizo posible esparcirse en toda la ciudad.

            · La mujer como mercancía; prostitución y moda ·

 La prostitución probaba el mercado abierto, esto refleja la condición del individuo que con su soledad, bajo la embriaguez de efectos estimulantes y la prostitución, se pierde entre las masas. Toulouse retoma la prostitución como uno de los temas principales de sus obras, en sus pinturas fue capaz de sublimar las experiencias que vivió y la hipocresía presente en esos lugares de diversión nocturna. Como Benjamin comenta, el interior y el exterior de los lugares pierden su frontera pues en ambos la transformación hacia la modernidad había imperado.

Lautrec plasma a través de sus pinturas el alma de quienes han sido, desde siempre, precursoras de la economía de mercado[17]: las prostitutas; quienes se han convertido ya en un producto en boga de la época moderna y son vistas bajo la última gran lupa de la apariencia histórica como un artículo de consumo masivo.  En ellas se celebra un triunfo al ser ya  la propia  naturaleza la que adopta el carácter de mercancía, pues es esa apariencia mercantil de la naturaleza lo que se encarna finalmente en las prostitutas.  El proxeneta obtiene beneficios económicos al venderle su producto al mercado burgués como un fetiche, en donde el símbolo sexual femenino se convierte directamente en mercancía. La prostituta se ha transformado en una <<cosa>> que la modernidad publicita; y es en esta publicidad en donde se fusionan los atractivos de la mujer y la mercancía. [18]

La danse au Moulin Rouge, Henri de Toulouse-Lautrec, 1890

La danse au Moulin Rouge, Henri de Toulouse-Lautrec, 1890

La moda es otro factor que presenta la relación entre mujer y mercancía, es la presencia de la muerte a través de la mujer; vestidos, sombreros y adornos establecen una alianza con el sexo mostrando las fantasías que quieren hacer de toda una “vida orgánica patrimonio de lo inorgánico”. La moda es otro espejo de la modernidad pues muestra el interés y el deseo económico de la burguesía y también el acelere de la vida moderna, su constante cambio y transformación que no está alejado de los cambios políticos, económicos y sociales, incluso parece que satisface al hombre para representar su historia.[19]

En conclusión el pintor Toulouse Lautrec juega el papel de un flâneur en el escenario moderno pues por medio de su producción artística plasma como la prostitución y la moda se unen para convertirse en una sátira de la época. En general, retóricamente podría decir que muchos artistas de la época moderna se entregan, como el flâneur, a la multitud, recorriendo las aceras se pierden entre la masa pero siempre logran tomar una distancia pues vuelve  de la embriaguez para poder reflexionar sobre la nueva cotidianidad que se vive en la ciudad moderna.

Retrato Lautrec

Toulouse Lautrec se convierte en el pintor de la modernidad y pinta bajo la condición de todos los artistas, en donde al ser trasgredida su sensibilidad tiende a sublimar sus experiencias en obras de arte.


[1]Cfr. Walter,Benjamin, Poesía y Capitalismo. Iluminaciones II, Taurus, Madrid, 1993, pp.91-93

[2] Ibídem, p.107

[3] Ibídem, p. 109

[4] Ibídem, p. 110

[5] Ibídem, p. 111

[6] Cfr. Walter, Benjamin, Libro de los Pasajes, edición de Rolf Tiedemann, traducción de Luis Fernández Castañeda,Isidro Herrera y Fernando Guerrero, Akal, Madrid,2005, p. 37-46

[7] Ibídem, p. 47

[8] Ibídem, p. 47

[9] Walter,Benjamin, Poesía y Capitalismo, p.123

[10] Cfr. p.122-123

[11] Cfr. p.124

[12]  Cfr. Walter, Benjamin, Libro de los Pasajes, p.442

[13] Ibídem, p. 127

[14]Cfr. p.  128

[15] Cfr. p. 145-150

* El crepúsculo nocturno

** Las flores del mal

[16]  Charles, Baudelaire, Las flores del mal, Trad. Ulises Petit de Murat, Ediciones de Arte Gaglianone, Buenos Aires, 1981, p. 22

*** A través de los resplandores  que el viento atormenta | la prostitución va encendiéndose en las calles;| como un hormiguero, abre sus accesos| se abre por doquier un oculto camino| como el enemigo que prepara un golpe;| y se mueve en el seno de la ciudad de fango,| como el gusano que roba al Hombre lo que come.

Figura 1. Toulouse Lautrec Reine de Joie 1982. 152 x 105 cm

[17] Cfr. Walter, Benjamin, Libro de los Pasajes, p. 356

[18]  Ibídem,  p. 352-353

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