Yvonne Rainer: danza y política

El minimalismo llevado a la danza y la búsqueda de ésta por desligarse del espectáculo, son las dos propuestas de Yvonne Rainer que conducen a la danza por un nuevo territorio, en donde la necesidad de aproximarse al espectador afirma que todos pueden moverse y por ende todos pueden danzar.

La danza, hasta los años 60’s, le había estado vendiendo un discurso al espectador, pero es Rainer quien propone no transmitirle nada al público, evitar a toda costa presentarle cualquier tipo de pensamiento sistémico que absorba la idea. Sin embargo, aunque no se busca proyectar nada, al final lo termina haciendo, pues todo significa. Esto nos lleva cuestionarnos de qué hablamos cuando nos referimos a una acción política.

Todos pertenecemos a un consenso impuesto por el sistema social, pero para hablar de política, Jacques Ranciere hace una distinción importante entre dos conceptos que responden a una lógica distinta de accionar: política y policía. Esta última hace referencia al actuar desde el lugar al que se pertenece, es decir, hacer movimientos que no salgan de los límites de los campos impuestos por el sistema (los médicos en los hospitales, los estudiantes en las universidades, etc). El hombre tiene implícitamente esta policía, en el rol ya impuesto desde su nacimiento por la misma sociedad en la cual mientras te mueves en el lugar al que perteneces eres visible.

Así, la visibilidad de Yvonne Rainer aconteció cuando en sus inicios, al llegar a NY, se mantuvo dentro de los grandes cánones de la danza moderna al ser bailarina de la compañía de Martha Graham y posteriormente de Merce Cunningham –personajes de los cuales hablaremos en otra ocasión–, pero no había pasado mucho tiempo cuando Rainer advierte que la danza moderna ha caído en la misma sistematización que la danza clásica, en donde la construcción de ambas partían de una técnica y un cuerpo de baile que tenían como objetivo vender un espectáculo, posicionando a la danza como un mero entretenimiento burgués, y entonces decide desplazarse a otro campo.

A inicios de los 60’s, Rainer se desplaza a un campo donde deja de ser visible, rompiendo con la identidad en la que estaba encasillada. Comienza a hacer política que nace en el disenso, en la posibilidad de hablar desde la ruptura de los límites de su campo y el desplazamiento. Su ser político plasmado en el “Manifiesto del No” en 1965, no sólo hace una crítica social sino que expone una serie de instrucciones que exhortan al artista llevarlas acabo.

Este “Manifiesto del No” le sirve como herramienta trascendental para desmitificar a la danza como espectáculo, que lejos de buscar la reflexión en el espectador únicamente lo convencía de algo convirtiéndolo en un espectador manipulado por la obra y la espectacularidad de ésta. Su idea era crear una escena neutral en donde no se involucrara al espectador, en donde el movimiento no representara nada más que movimiento y en donde la naturaleza de la obra se centrara en la presencia objetiva del humano en escena.

“No al espectáculo,
no al virtuosismo,
no a las transformaciones, a la magia y al hacer creer.
No al glamour y la trascendencia de la imagen de la estrella,
no a lo heroico,
no a lo antiheroico,
no a la imaginería basura,
no a la implicación del intérprete o del espectador.
No al estilo,
no al amaneramiento,
no a la seducción del espectador por las artimañas del intérprete,
no a la excentricidad,
no a conmover o ser conmovido”

Yvonne Rainer
Invierno de 1965

Yvonne Rainer es un sujeto móvil pues rompe con las denominadas identidades fijas, desencadenando procesos de subjetivación ya que la obra de la coreógrafa desde su postura estética que introduce a la danza, responde a una postura política que se aprecia más formalmente cuando se une al grupo informal de bailarines Judson Dance Theater, junto a Steve Paxton y Robert Dunn que posteriormente serán los creadores de la danza postmoderna. Este grupo se caracterizaba por reunirse para crear nuevos preceptos de la danza que no sólo salían del sistema, sino que empezaban a generar nuevas formas de hacer danza llevándolo a la praxis en donde se enfatizaba el contacto con el otro, la improvisación de movimientos y la danza hecha para la cámara. El arte es político en medida que hay desestabilzación, tensión.[1]

Yvonne Rainer se aleja del campo representacional, pues mientras para la mayoría la danza significaba producciones escénicas, ella buscaba alejar al bailarín del espectador, no pretendía vender la fantasía –como lo había estado haciendo hasta ese momento la danza–, ni involucrar una jerarquización sino ser la antagonista del campo mediático en donde la danza ya no respondiera a una simple industria cultural que funciona como consumo de entretenimiento y que es legitimada por medio de los espectadores.

La apuesta por aproximarse a la exploración de un campo creativo y emancipatorio, ya que de alguna manera favorece a la disolución de un sistema y parte de una obra innovadora y emancipatoria al basarse en la reflexión política a favor del discurso y en contra del consumo. Asimismo enfoca la danza en lo más esencial del hombre, como por ejemplo los gestos cotidianos, y son precisamente este tipo de acciones las que le sirven como cimiento para la construcción de sus futuras obras. Yvonne Rainer no cuestiona qué puede significar o representar la danza, sino qué es la danza; interesándose particularmente en el movimiento del cuerpo humano.

En medio de un corpus de más de 40 piezas, la obra más emblemática de ésta artista es un trío que forma parte de la coreografía del proyecto titulado The mind is a muscle (1966), la cual funciona como una partitura dancística en la que se niega darle placer al espectador, se rompe con el estereotipo de bailarín pues en la coreografía se realizan movimientos aislados y programados en donde el título de la obra hace referencia a la mente y al cuerpo humano. Propone que el humano es expresivo en sí mismo y no necesita de toda una transformación dramática o psicológica para comunicar algo: el cuerpo se significa por sí mismo. Yvonne Rainer manifiesta una posición por medio de un trabajo de proceso intelectual.[2]

Temporalmente, se acota a la corriente artística que se apega a un movimiento de crítica institucional, pues pertenece al grupo de artistas que deciden no formar parte de espacios oficiales rebelándose contra el “sistema del arte”. Rainer se adentra en el ámbito de la indisciplina, pues experimenta con el performance y más tarde con el cine y de esta forma evidencia su “libertad” para experimentar con otras disciplinas y llevar la critica a otros campos.

En principio sus films no siguen una narrativa sino que entrevera la danza con el performance, como es en el caso de Three Seascapes (1961). Responde también a un contexto social, pues se afimra como lesbiana y apoya el movimiento de orgullo gay asistiendo a manifestaciones en New York y Washington D.C. Por otra parte en sus films Murder and Murder y Journey’s From Berlin, aborda cuestiones políticas y sociales como la perspectiva de género, la vida urbana, el cáncer de mama y el amor lésbico, que responden a las preocupaciones de la sociedad estadounidense de finales del siglo XX por una mujer capaz de pensarse a sí misma y participar en la cultura y sociedad.

El arte en general, incluida Yvonne Rainer, puede llegar a modificar e impactar la subjetividad, las formas de sentir, pues su acción política es siempre en plano de lo sensible: se adscribe en un plano preformativo que genera cambios y contagios en su recepción. Esto se relaciona con el concepto de cuerpo vibrátil, que se refiere a la capacidad que tienen los sentidos para dejarse afectar por la alteridad.

Sin embargo el día de hoy se sabe que las obra de Yvonne Rainer, al menos sus coreografía como el Trio A de The Mind is a muscle se ha vuelto todo un mercado pues la coreógrafa cobra una exagerada cantidad de dinero para montarla a otros bailarines, y solo los bailarines con ciertas características aprobadas por ella la pueden ejecutar. En el momento en que Yvonne Rainer comienza a formar parte inevitablemente del sistema al volverse una coreógrafa de reconocimiento, surge la cuestión sobre cuánto dura un hacer político.


[1] Jaques, Rancière, La división de lo sensible, Cetro de Estudios Visuales de Chile, 2002 versión pdf <<http://132.248.9.1:8991/hevila/Senasyresenasmaterialesdetrabajoparaestudiosvisuales/2009/jul/4.pdf>&gt;

[2] Alexander, Koch, El campo del arte, Trad. Mónica Castillo, publicado online en <<https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=ZGVmYXVsdGRvbWFpbnxhcmNoaXZvMDEwfGd4Ojc0MTI3MGQxYjYzYWQzMDc&pli=1>&gt;

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