PINA: filosofía para construír la escena contemporánea

Philippina “Pina” Bausch (1940-2009), bailarina y coreógrafa alemana construyó a lo largo de su vida lo que ahora es un legado trascendental para las artes escénicas. Pina, tras formarse algunos años con Kurt Jooss, figura importante para la danza expresionista en Nueva York, regresó a Alemania para trabajar en la compleja propuesta que tenía en mente y que más tarde nacería bajo el nombre de danza-teatro, propuesta que hoy es la particularidad de la mítica compañía Tanztheater de Wuppertal, con la que Pina trabajó el montaje de sus piezas más emblemáticas como Café Müller, Bandonéon e Ifigenia.

La esencia rupturista de esta coreógrafa se remonta a la época desgarrada que vivía el mundo en la posguerra, pues cabe señalar que Pina nació durante la segunda guerra mundial y las escenas que se vivía en el país incluso ya concluida la guerra, impulsaron a Alemania a la construcción de nuevos discursos en la danza contemporánea, en donde se manifestaron los procesos de hibridación de la sensibilidad posmoderna sin dejar a un lado los principios, como danza abstracta, basados en la libertad de movimiento y la posibilidad de autoreflexión corporal. Las obras dancísticas de esos años también son un claro ejemplo de lo que hoy se denomina “ballet posmoderno”, que se caracteriza por una propuesta estética que revaloriza lo cotidiano, incluyendo la palabra en escena y el ruido como ambiente. Y es este estilo el que alcanza su máxima expresión en las coreografías de Pina Bausch.

“Dance, dance, otherwise we are lost”

-Pina Bausch 

Estas palabras con las que Pina dejó entrever que la escena va más allá de solo una técnica proponen a la danza como un modo de concebirse, de pensarse y construir la vida, el principio y el fin de todo. Por medio de la creatividad escénica Pina pudo construir todo un universo que responde a una forma de pertenecer al mundo, de significarlo y de habitarlo. En la medida de este hacer ha llegado a develar sensaciones en lo más profundo del ser de las personas, llega a tocar el campo subjetivo y sensible que nos identifica como humanos.

Pina Bausch llega a México a través del primer documental artístico en 3D dirigido por el cineasta alemán Wim Wenders, en donde el gesto corporal fusionado con el cine reinventan la concepción del movimiento en la danza, pues con ayuda del 3D se aleja de las estandarizaciones para proponer una escena viva y heterogénea que va más allá de la realidad que puede experimentar el espectador en una sala de cine o teatro.

En los pequeños solos o duetos que se presentan en el filme, ya sea escenarios naturales o urbanos, nos presenta una experiencia corpórea distinta. Hay una propuesta de significación del movimiento, un discurso contenido en cada cuerpo del bailarín que es forma; pues en cada uno se plasma y se expresa la concepción del mundo creado a partir de la subjetividad del como ve, siente y manifiesta cada uno de los bailarines. Wim Wenders consigue captar de la manera más precisa esa capacidad característica de Pina Bausch para no despersonalizar a los bailarines y presentar ante el público expresiones primigenias que evocan formas de pensar, de sentir y de crear un propio universo para cada bailarín, y a su vez, un momento en donde el cuerpo de cada uno de ellos se vuelve capaz de desencadenar una dimensión epistémica que parte de la relación entre la imaginación, la memoria y la voluntad.

El recurso introspectivo que se utilizó en la narrativa de este documental plasma de excelente manera los modos de creación o los procesos que hacen cada pieza de Bausch, esa voz en off que comparte recuerdos  y pensamientos conducen a una inexorable empatía emocional. Cada ejecutante se enfrenta a sublimar experiencias concretas, se sabe que Pina no solo se interesaba en “cómo se mueven los bailarines sino qué los conmueve”, y así de la mano de Wim Wenders se vuelven increíbles las sensaciones que puede hacer para el publico un bailarín. La danza disfraza las pertenecías de cada bailarín; sus experiencias sublimadas de cierto modo y en donde no solo el resultado es la pieza sino todo su proceso de creación. Esto obedece a ciertos modos de producción artística que se tiene desde las primeras vanguardias, en donde la pieza empieza desde que se concibe hasta llegar a su representación ya sea en un objeto, o en este caso en una presentación escénica.

Si bien el 3D en este film no está presente todo el tiempo, no hay acto impune en la escena, cada acto en escena es significativo y la lograda visión panorámica que el cine nos otorga permite observar con detalle cada uno de los elementos que están en escena y explorar meticulosamente la vocación que eligió esta artista y que la llevó a vivir y morir en escena.

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