Un clavo y el acto de martillar

El principio metodológico para la creación de obras de Shūji Terayama eran las preguntas emergentes dentro de un espacio liminal entre la realidad y la imaginación. El trabajo de este aclamado cineasta, poeta, dramaturgo en radio, escenario, ensayista y fotógrafo, considerado como “el eterno vanguardista”, incide en un folklore japonés en donde un rostro cambia para convertirse en una cara diferente.

Es a finales de 1960, durante la época en donde Japón estaba llegando a un punto álgido, cuando Shūji Terayama juega un papel crucial en la red de la expresión creativa y junto a otras leyendas contraculturales como el cantante drag queen Akihiro Miwa, el fotógrafo Daido Moriyama y el artista gráfico Tadanori Yokoo, se vuelve uno de los creadores más productivos y provocativos del país, además de ser la figura central del movimiento estudiantil “escapista” de Japón. En dicho movimiento radical que se caracterizaba por protestas de oposición violentas, Shūji Terayama era fiel a su premisa “¡Tira tus libros y sal a las calles!”, y más tarde representa este episodio de la historia de Japón en el film en blanco y negro “La máquina de leer (1977)”, en donde narra el sinsentido del sistema educativo japonés que obligaba a los estudiantes a “aprender” memorizando datos inútiles para luego olvidarlo todo en la escuela de la calle. Una clara representación de la alienación a la que se encontraban sometidos los estudiantes de esa época.

"La máquina de leer (1977)"

Además del trabajo fílmico en donde criticaba el sistema social, educativo y político de los que se desprendían problemas a los que se tenía que enfrentar el país entero, Shūji Terayama también trabajó en producciones bastante interesantes destacando el inusual manejo de erotismo y su correspondiente carga simbólica.

Tal es el caso de “El Proceso” en donde nos encontramos con una serie de escenas sexuales partiendo de un clavo y el acto de martillar que representan la penetración. Shūji Terayama nos sitúa frente al vouyerismo, la represión, el sadismo, la pasión, la moral y la religión, jugando todo el tiempo con un simbolismo considerado por varios críticos como poético.

“La Jaula” es otro cortometraje en verde en donde se explora la cuestión de si un hombre es prisionero del tiempo.

Shūji Temayara afirmaba que no le interesaba la habilidad de una cámara para contar la verdad, sino su habilidad para mentir tan convincentemente. Otros trabajos muy recomendables de este cineasta son “El Emperador Tomato Ketchup (1971), en donde los niños hacen una revolución y toman el poder condenando a sus padres por privarles de su libertad sexual y de expresión y “El juramento del vestido de mariposa (1974)” que puedes ver aquí.

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