Orlan: cuerpo, arte y tecnología.

El cuerpo humano es un terreno en el que se experimenta cada vez con más frecuencia, pareciera que la tecnología se ha convertido en el mejor aliado de los ideales del hombre, pues ha logrado burlar, irónicamente, políticas y éticas que ellos mismos inventaron.

En el último siglo, más que en otros, el hombre se ha aferrado por intentar diferenciar entre él y su propio cuerpo como si éstos fueran dos cosas diferentes. Muchas veces se ha mencionado que la cultura posmoderna se caracteriza por un sentimiento de horror al cuerpo; y si a esto le podemos llamar una ideología (vaya que pesa cada vez más luchar contra los procesos naturales), el único refugio para el hombre es el re-diseño a mano de las cirugías estéticas.

Fig. 1

Todos los días somos conscientes de la manera en que los medios de comunicación y la mercadotecnia exaltan el cuerpo humano casi como un altar al que hay que rendirle las ofrendas más desgastantes (dietas, tintes para el cabello, cirugías plásticas); ¿La finalidad? Llegar a obtener el prototipo de belleza irreal con el que revistas y anuncios publicitarios se engalanan mostrándolo como símbolo de felicidad y éxito. ¿En qué momento la chica Barbie se convirtió en el ideal casi mundial? ¿Qué pasa con la identidad de las razas humanas?

Entre otros especialistas, muchos filósofos, literatos y artistas reflexionan acerca de la manera en que se concibe el cuerpo humano en la cultura del siglo XXI. Desde tiempos prehistóricos el cuerpo humano ha sido un elemento fundamental para la praxis del arte: la necesidad de expresar utilizando el cuerpo como el soporte sigue vigente. Algunos artistas de vanguardia aplican ya, de manera poética, referencias de la cultura postmoderna a la anatomía humana[1].

Fig. 2

Entre los artistas más arriesgados en este arte carnal nos topamos con la performancera francesa Orlan (Fig. 1), su trabajo se enmarca en la política del cuerpo y la obsesión cultural por la apariencia física. Una de sus obras, titulada La obra maestra absoluta: la reencarnación de la santa Orlan 1990, consistió en la práctica de siete operaciones estéticas al rostro de la artista para transformar su rostro, el objetivo es parecerse a un retrato elaborado a manera de collage con los rasgos célebres en la Historia del Arte: La frente de la Gioconda, los ojos de la Psique de Gérôme, la nariz de una Diana de la Escuela De Fontainebleu, la boca de la Europa de Boucher y la barbilla de la Venus de Botticelli (Fig. 2).

“Algunas mujeres se meten por error en el lío que producen los bisturís.”

– Orlan

La temporalidad de la obra comienza desde la primera operación quirúrgica, cada una de ellas fueron transmitidas a través de internet como un performance. Al final de cada una de las operaciones se reunía los restos de piel y grasa para después enfrascarlos y venderlos con el sello de relicarios.

El sometimiento del cuerpo a operaciones quirúrgicas como “catarsis” ha dado mucho de qué hablar, tal vez sea solo el comienzo de una nueva generación artística y por qué no, humana.

…debemos aceptarnos tal y como somos, pero en una época de manipulaciones genéticas, eso es una actitud primitiva.[2]


[1] Mark, Dery, Velocidad de escape; la cibercultura en el final del siglo ,Siruela, Madrid, 1998 p. 264

[2] Barbara, Rose, Is ir Art? Orlan and the Transgressive Act,  febrero 1993, p. 86;  James Gardner, Culture or trash? (Nueva York, Birch Lane Press,1993), p. 171.

Anuncios